viernes, 27 de marzo de 2020

Feminismo en tiempos de reggaetón

Ya no estamos en el 2012 donde todas las personas odiábamos al reggaetón pero en el fondo nos sabíamos las letras de las canciones. Es el 2020, la gente acepta públicamente –hasta parece presión social– que le gusta perrear, y ¿cómo no hacerlo con un ritmo tan pegajoso y envolvente? El denominado “sonido urbano” se ha apoderado de las calles y bocinas para posicionarse en el gusto de la sociedad en general, me atrevo a decir en todo el mundo, pero eso ya es generalizar.
            No quiero parecer revista de adolescentes idolatrando al reggaetón, al contrario, cometeré suicidio social al criticarlo abiertamente. Pero, Caro… ¿cómo te atreves a cometer tal pecado? Parto aceptando que soy feminista y socióloga –que horrible es limitarse y ponerse etiquetas– sin ver a esto como un dogma pero sí una guía para estar cuestionándose constantemente. La mayor parte de nuestros actos (si no es que todos) e ideas tienen un trasfondo social y político, no son inocentes.
            He observado que en los últimos meses se ha idolatrado la figura de Bad Bunny por ser “andrógino”, “deconstruido” y de “masculinidad flexible”, la razón: pintarse las uñas, vestir “diferente”, tener un discurso “feminista” y sacar canciones con temas relacionados a esto. Lo más notable ha sido su video musical Yo perreo sola donde se viste de mujer y muestra a mujeres de diferentes corporalidades perreando, mostrándose “incluyente”. Sin embargo, ¿qué dicen sus canciones?, como figura pública e influyente ¿sus actos son congruentes? No olvidemos que se ha relacionado en eventos de páginas pornográficas y que todo su discurso sigue sexualizando –y ridiculizando– el cuerpo femenino. 
            No es el único artista, es toda una industria, y a todos nos gusta perrear, pero hay que cuestionarse la cultura que existe y cómo el mismo capitalismo los guía a que se apoderen de los discursos de alternatividad, el feminismo es un ejemplo claro y actual. Si realmente tienen un interés por estos temas, los hombres de la industria musical deberían estar cuestionándose sus masculinidades, dejar de lado el discurso hegemónico y patriarcal que desde lo más simple y común oprime y violenta a las mujeres. No sigamos este discurso de “empoderamiento” que lo único que les interesa es el consumo de cuerpos deliberadamente.

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